Estamos invadidos de dolor
El que hemos vivido todos los chilenos, con características apocalípticas. Así lo sentí, porque vagos recuerdos tengo de aquel del año 1939. El año 1960, por mandato de mi Arzobispo, me encontraba estudiando en Bélgica - Bruselas. Creí que era una bomba, y la verdad es que me bloquée, hasta que estando fuera de la casa, el empleado me dijo: Padre, este es un terremoto. Confieso que pasé mucho susto, y me acordé de los que más quiero: los fieles más pobres de mi Parroquia. Como "no tengo padre ni madre, ni perro que me ladre," fue mi gente, y colaboré en la búsqueda de agua, ayudando a quienes carecían de ella, y tratando de subsistir, abasteciéndome, como ser humano que soy, pero sin robar - eso no se hace -. Fué mi segundo terremoto, inimaginable, mientras contemplaba, autos, camionetas, carretillas, carros de supermercado, etc. pensé que el demonio se había posesionado de todos nosotros...me pregunté, ¿será esto una psicosis colectiva? Confieso que no entendía nada, y solo atiné a rezar a la Virgen María, por todos mis fieles y chilenos.
A partir del terremoto fuí descubriendo otros rostros, aunque asustados y preocupados, pero ya mirando fijamente a los ojos, saludándonos, y con eso fino que a los seres humanos nos
caracteriza, una sonrisa, que nos ayuda a tranquilizar nuestros ánimos. Doy gracias a Dios de contar, no sólo con la protección del Señor, sino con la simpatía de mis vecinos que me auxiliaron en lo que a alimentación se refiere. No me faltó el pan, a causa de la generosidad de mi vecina inmediata de la Ice house, doña Cristina que lo fabrica, sino que pude participarlo con los soldados y carabineros y vecinos cercanos, que nos permitieron cuidarnos. Qué bueno es sentir el calor de la buena vecindad que acompaña y alienta. Por estos gestos es que tu Párroco quiere agradecer a Dios por vivir en un Chile con tan buenas personas. Dios los bendiga y a quienes en mi soledad, pero con Dios, hicieron que este trago amargo se dulcificara, se desalinisara. El cambio frío y salado de tsunami, al cálido ambiente de la solidaridad.
De este segundo remezón, no quisiera acordarme, fueron los saqueos y robos que constaté personalmente, porque me refugié en mi auto y dormí en la vereda frente a la Virgen, mi Madre querida del cielo, ante la Ermita. Allí, en mi saco de dormir, constaté mi flaqueza, mi limitación, mi soledad, hasta pensé que ya me correspondía volver a la Casa del Padre Dios. Entre tanto, me adherí espiritualmente a los que, solitos, en su cama de hospital, soportaron el miedo, connatural
con el hombre, y el susto de verse invadido por este fenómeno incontrolable. Pensé mucho en las mamás con sus guagüitos, fuí planeando, entre pedir perdones a Dios, y "hasta cuándo pasará esta "huena cosa", poder ayudar y cómo, a las familias que vieron con espanto sus casas por tierra, me acordé de tantos abuelos, solos y sin poder autovalerse.
Alas 10 horas de ese día, y en medio de réplicas, concelebré con mi Arzobispo Ricardo y el Obispo Auxiliar Don Pedro, la Santa Misa en las Hermanitas de los Pobres, para despedir los restos de un hermano sacerdote residente entre los ancianitos en esa Casa de tanta caridad y fe, que quise mucho, por su labor silenciosa y de milagros casi a diario, para sostenerse, sin propaganda, sólo bajo el amparo de la Divina Providencia, y hoy totalemnte destruída.
El tercer terremoto es el que está viviendo nuestra Amada Iglesia que, a nivel mundial, está siendo juzgada por feas acciones de sacerdotes que en su debilidad humana, con seguridad en la lucha denodada con el demonio, los ha utilizado para dañar lo más querido por el SEÑOR: la niñez. Nos ha dolido mucho, tenemos mucho miedo que por nuestra culpa, haya quienes se alejen del SEÑOR y de la Iglesia que es la encargada por Cristo para distribuir los dones de su gracia a través de los sacramentos. Les ruego, nos perdonen, como lo ha hecho el Papa, el Cardenal de Chile, el Arzobispo, todos los Presbíteros que estamos junto a él. Pedimos perdón a quienes fueron víctimas de tales manifestaciones que los escandalizaron. Fueron expresiones de un enfermo, como los hay por doquier y en todos los estratos de la sociedad. Con ello no quiero justificar la falta, pero valga como una explicación de un débil hermano que, estoy cierto, nunca fue el propósito al aceptar el llamado del Señor para cumplir con su Sagrado Ministerio.
A este propósito, es bueno que mis fieles sepan que en el Seminario el candidato pasa por una serie de exámenes de psicólogos y orientadores que, apenas hubiere una señal de dudas sobre su integridad, es invitado a abandonar el Seminario y los estudios de filosofía y teología que debe saber todo sacerdote. Nada con ello, no obstante, justifica la falta.
Será un largo periodo de purificación que el SEÑOR le está pidiendo a la Iglesia para que todos los Curitas seamos santos.
Su Párroco, les ruega siempre recen por él. Mientras les envío mi fraternal bendicion.
martes, 27 de abril de 2010
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